miércoles, 29 de mayo de 2013


       MATERNIDAD

               - Doctora-
               - Que, hija -
               - No se si voy a poder tener el hijo aqui -
               - ¿Porque? -
          A este punto, mi paciente, mujer de treinta años ha logrado ocupar la atencion de la Sala de Guardia de la Maternidad. La enfermera, la administrativa, las doctoras, las otras pacientes. Todos la rodean.
               - ¿Porque no vas a poder traerlo al mundo aqui? Le pregunta la enfermera, entre afligida y risueña.
               - Porque yo no se tener de acostada -
           Un ¡Oh! de sorpresa sale de todas las gargantas. Y todas, todas, quieren escuchar la historia de como tiene los hijos esta mujer de Ancajuli.
               - Mire, yo, cuando siento el dolor de parto, solita preparo las cosas. La tijera, el hilo, la silla y el cuero de oveja, bien gordito - Su voz se anima y sus ojos brillan al verse escuchada con tanto interes.
               - Entonces me voy para el rio. Me hago dar bien en la cintura y en la cadera el agua fria, hasta que no doy mas. Entonces vuelvo a la casa. Me arrodillo sobre el cuerito de oveja ( acuclillada, en realidad). Alli, aferrada a la silla, hago dos o tres fuerzas y el chiquito nace. Yo solita le corto el ombliguito y lo ato. Despues lo envuelvo, lo pongo en la cama. Le doy la primera mamada. Ni me acuesto. Espero "largar" lo otro (la placenta) . Pero no me acuesto. Sigo andando. No tengo necesidad de hacer cama. Y asi ya van seis. Este es el siete. ¿Lo podre tener de acostada? Yo creo que no voy a poder...
              Ejemplo de una mujer de la montaña. Costumbres diferentes. Todas la miramos. Y la admiramos. Quisieramos hacer asi. Las doctoras, las empleadas, la enfermera, las otras parturientas.
               Una de las doctoras la toma del brazo y la pasa a la Sala de Partos.
               - Veni, pequeña, que te voy a revisar. No tengas miedo - le dice.
SAN JOSE

        Don......es como un cacique para San Jose. Todos lo respetan, o lo odian. Pero el tiene su importancia y asi se lo trata.
         El llamado urgente desde San Jose era para una hija suya, con graves problemas. Estaba embarazada y habia comenzado con perdidas y dolores. Llame al avion por la radio y al poco rato partiamos hacia San Jose.

          Aterrizar en San Jose es toda una aventura, solo igualada por el aterrizaje en Chaquivil. La pista, construida sobre el filo de una montaña, en la pendiente semiinclinada de la ladera, domina el pequeño vallecito que contiene a la Escuela, el Dispensario y la Capilla. Se desciende por entre las redondas lomas que son todas iguales vistas desde arriba. Se ven las quebradas, con sus hilos de agua al fondo, que tanto cuesta cruzar a caballo por lo empinadas y pedregosas que son y de pronto se ve una loma surcada por un rectangulo alargado de otro color , como si se hubiera rasurado ese lugar de la montaña. Es la pista de San Jose.
           El avion entra a descender y hace una amplia curva sobre el cerro del norte que domina el vallecito para enfilar luego hacia la cabecera de la pista. Pasamos rasando ese cerro y algunos alisos grandes. Sobre un cerro negro recien arado. El avion se levanta un poco como al soplo de un viento al caer al vallecito. Y vertiginosamente pasan por debajo la Escuela, el arroyo, los niños en el patio mirando al cielo, el dispensario, y rodamos la cuesta pendiente arriba, con la nariz al cielo, y muy inclinados tocamos tierra. Es en ese momento preciso que siempre ruego que hayamos descendido con suficiente fuerza para seguir adelante. Pareciera que si se apaga el motor rodariamos hacia atras. Pero no; callan los motores y aun seguimos rodando con bastante fuerza como para llegar hasta la empinada cima e incluso rodando, hasta el extremo de la pista donde giramos en redondo.

            Se silencian los ruidos propios del avion.
             Hay silencio, viento,sol y un verde profundo. Se extiende al frente el cerro gris iluminado y fresco en todo su esplendor. El cielo despejado es tremendamente azul y amplio.
              Este es San Jose de Chaquivil.
CHAQUIVIL

                      A traves del parabrisas del avion no se ve nada. El vapor de agua se ha congelado y forma una capa delgada de hielo que lo cubre todo. El piloto se guia por la altitud y por la brujula.
                       Hace un frio intenso. El termometro indica 8 grados bajo cero,pero con la velocidad del viento el calculo es casi de doce grados bajo cero. Y se sienten.
                        Estoy bien abrigada. Botines. Calzas de lana, pantalones gruesos, buzos varios, campera, pasamontañas, guantes.
                         En la montaña, ha dejado de nevar y el dia es de sol. El espectaculo es sorprendente. El silencio  y el motor del avion lo invaden todo. El suelo de la montaña esta blanco. Los arboles semejan arbolitos blancos de navidad con sus ramas negras. No hay animales a la vista.
                          Ahora zumba el viento. El avion aletea. Al descender, el hielo se va derritiendo poco a poco y la capa blancuzca se transforma en gotas que se deslizan como lagrimas hacia los costados del combado parabrisas. Veo que tambien sobre las alas se habia formdo una capa de hielo.

                          Descendemos en Chaquivil, donde el pasto esta amarillo y humedo. El viento es tan helado que parece quemar el rostro. Hasta con guantes dan ganas de meter las manos en los bolsillos. Atraviesa el pasamontañas. No se ve a nadie alrededor. Espero quince minutos. A lo lejos una casa humea. Bueno, es hora de partir. Parece que no hay novedades para la medico. Hay que seguir, y controlar aun siete zonas mas. A veces, cuando hay una urgencia de salud, alguien pone sabanas blancas sobre el suelo, o agitan una ropa blanca o pañuelos al paso del avion. Es la señal de emergencia. Entonces se aterriza y se espera media hora, o aun mas, hasta que llegan el enfermero o un mensajero con la novedad. De ahi, puede que haya que esperar dos horas mas o bien subir a un caballo y subir la montaña, olvidandose del regreso ese dia.
                           Por eso hay que recorrer minuciosamente la zona. Observando atentamente casa por casa. Y muchas veces son cinco horas de vuelo. Los oidos crujen con los sucesivos ascensos y descensos. La espalda se fatiga con los golpes que da el avion al "galopar" sobre la pista, y la cabeza duele  de tanto escuchar el repiqueteo constante del motor.
                           Ya nos volvemos para continuar vuelo cuando un grito me detiene. Es una señora anciana. Me sobrecoge el ver como viene vestida : Solo un batoncito de verano, una campera liviana, desflecada, sobre los hombros. Los pies casi desnudos. Tiembla. Cruza los brazos y viene llorando. Vuela de fiebre y "chucho".
 - Dra, por favor, deme alguito para esto que tengo, que debe ser la neumonia.
 - A ver, venga, doñaMaria...-
                            Al resguardo del ala ausculto a la paciente, y efectivamente, tiene una bronquitis aguda a devenir pronto en neumonia.
 - Tome, aqui tiene. Esto se toma asi y asi. Le anoto en la cajita del medicamento, por si no se acuerda bien-
 - Ay, hijita, estoy solita porque mi hijo ha bajado a la zafra. Entonces llora , las lagrimas corren por sus mejillas. Se estremece con nuevos escalofrios.
 - ay, doctorcita... Como sufro pensando en mi hijito ¿Le podria llevar Ud un pancito para el?
 - Bueno, doña Maria, deme el pan, se lo hare llegar. Ya vere.
                              Saca el pan-torta amasado por ella que trae bajo el brazo y me agradece infinitamente lo que hago por su "hijito" . Que ya es un hombre hecho y derecho, que se esta ganando la vida como puede. En ella no piensa. Se vuelve a su casa, despues de abrazarme y agradecer nuevamente.
                             El viento, que se ha hecho fuerte y cada vez mas helado le impide caminar rapidamente, la empuja hacia atras, le hace volar los vestidos. Y su agitacion, que no la deja.
                              Se pierde lentamente camino abajo, hacia su casa . Una paciente mas.
                              El viento zangolotea el avion con fuerza.
                               Tengo frio. Pero tambien tengo un calor que me crece por dentro.



INVIERNO
                          Parece ya que ha transcurrido tanto tiempo...
                          En invierno, el pajonal amarillo que se abre pesadamente al paso. El siseo de alguna serpiente que se escapa, molesta, por el ruido de las botas. Habia estado en el camino, asoleandose.
                           La tierra reseca, quebrada, asomando entre las pajas. Y el sol arde a pesar de que el viento helado escama la piel. Todo es tan amarillo y marron, en el invierno.
                           De lo alisos, gruesos, arrugados y grises, cuelgan los hilos de los "cuarterones", gusanillos negros como hilachas, que crecen por miles en las hojas de los arboles y en el transcurso de los dias las agujerean impiadosamente, cumpliendo su ciclo vital. Entonces quedan los alisos desnudos, con sus hojas comidas, y como simple vestimenta invernal los largos y finos hilos que se prenden a las ropas, al sombrero, al pelo, caen sobre los brazos. Despues de andar un rato, una queda cubierta de gusanitos que caminan como saltando. Tan pequeños seres y que depredacion causan.
                            Desde la Escuela de Chaquivil a La Sala transcurre una hora. El ultimo recodo es una alta loma desde donde se observa, panoramica , La Sala , con sus techos de paja apretada y su corral de pirca y leña. El descenso es brusco, y la quebrada,honda y cenagosa. Hay que extremar los cuidados al apoyar los pies. Cuando paso debajo de los nogales añosos , de casi cien años, escucho gente acercandose. Parece que vienen aparceros de a caballo. Tintinean los estribos, se hablan a voces.
                              Llego a La Sala. Volteo la cabeza para ver si los aparceros ya estan llegando. En La Sala no hay nadie. Los perros no ladran. En la casita de Secundino, el casero y capataz, duermen la siesta. En el sendero bordeado de pajonal no aparece nadie. Solo se oye el sonido del viento, suave y pausado...
                               Luego, los lugareños me diran que lo que escuche fueron los fantasmas de la quebrada. Y me contaran que siempre se los siente llegar, hablar, reirse, pero nunca se los ve, ya sea de dia o de noche.
                               Y los volvere a escuchar, una y otra vez, en mis caminatas , mil y una veces...