lunes, 7 de julio de 2014
SUEÑO
Ayer fue mi cumpleaños. Y siempre se piden tres deseos al soplar las velitas. Hoy voy a compartir un deseo , que espero, algún día se cumpla, porque los deseos a veces son eternos...
Imagino el Mini- Hospital ( Término inventado por mí y que después se hizo viral), como un pequeño edificio silencioso levantado al final o al lado de la pista principal de Ancajuli. Adecuada su forma al entorno cerreño.
Un edificio grande, limpio, blanco y práctico. Con suficiente ventilación en el verano y adecuado abrigo para el invierno. Con ventanas llenas de luz que puedan cerrarse en el momento adecuado, dejando una penumbra placentera y protegiendo de las súbitas tormentas, vientos, brumas y nevadas.
Que tenga jardín y huerta. El jardín, con cuidado constante y flores coloridas y luminosas.La huerta, con todo lo necesario para la cocina del Hospital.
Debe tener amplia galería, con asientos cómodos, agradable y fáciles de limpiar, donde no encuentren refugio las alimañas del monte.
A lo lejos, puede hacerse un palenque, para atar los caballos de la gente.
La Sala de guardia y Enfermería con todo lo necesario para asistir una urgencia.
Un consultorio para el médico, cerrado, íntimo,con su camilla y mucha luz, para la correcta atención del paciente.
Consultorios, dos más, para los especialistas, ginecólogo,pediatra, oftalmólogo, traumatólogo, neurólogo, psicólogo, dermatólogo, etc, que quisieran contribuir a la atención de la salud en la montaña.
Una sala de parto, de pre-parto y de post-parto, con una camilla adecuada, tres y tres camas respectivamente. Todo el material adecuado y con todo lo necesario para el bebé y la madre.
Un consultorio odontológico, perfectamente equipado.
Baños, cocina, lavadero, todo lo que hace falta para mantener la higiene y el funcionamiento.
Una oficina administrativa, muy pequeña. Estarán allí todos los papeles y también la radio.
La Sala de internación dividida en cuatro : Hombres, mujeres, niños de 3 a 12 años, bebés hasta los tres años.
No creo que pudiera haber sala de infecciosos. Sería muy complicado. Pero quizá haciendo un buen estudio se pudiera hacer.
Y un buen quirófano de campaña. Para hacer cesáreas y cirugía mayor programada. Y sin lugar a dudas, las urgencias, urgencias.
Allá a lo lejos un pequeño hangar para el avión sanitario, un sencillo Pipper.
También hace falta, lejos del Mini-hospital, un gran horno de barro para quemar los residuos.
Sé que se puede. En Anfama lo hicimos...
viernes, 4 de julio de 2014
LAS ARQUITAS - LAS YEGUAS
La Mora y la Zaina. Dos hermosos recuerdos. Dos grandes dolores. Mis dos primeros caballos fueron estas dos pícaras y bellas yeguas. ¡Gracias Pepa!
Eran propiedad de una amiga taficeña, Elena Vasatko, bioquímica, que también trabajaba en el SIPROSA. Es decir, eran de sus hijos, que las amaban.
Las guardaban en un campo de su propiedad, al norte de Tafí Viejo, y corrían dos peligros : que escaparan hacia las vías del tren o que las robaran. Las dificultades para cuidarlas, cada vez mayores, habían decidido la venta de las dos yeguas. Los chicos derramaban lágrimas de dolor, pero ya estaba decidido.
Fuímos una tarde con Nikcy a la finca. Una tierra hermosa, de limoneros en flor. Hasta nosotros las trajo un peón. Eran bellas, realmente. Y para mí, que era la primera vez que iba a ser dueña de mis propios caballos, eran fantásticas. En mi imaginación las veía alzarse y galopar en la montaña, las crines al viento...
Era una yegua de paso. El hijo más grande, le saltó encima y nos hizo una demostración de su andar. Luego la monté yo. Me ajustaba perfectamente a su lomo. Digamos que éramos la una para la otra. Nerviosa, pero buen animal. Anduve en pelo hasta el final del campo y regresé. Me brillaban los ojos de deseo, era como andar en el viento.
Al rato trajeron a la blanca. La "Mora" era una yegua dulce y mansa. Lo que la otra tenía de briosa, ésta lo tenía de calma.
Fuerte y grande, alta, era un poco ancha para mis piernas, pero su andar era tan suave , que se podía galopar y no perder el equilibrio.
Con las lágrimas corriendo por sus mejillas el pequeño rubio , de tan sólo ocho años, se abrazó a la Mora y le dio una larga despedida...Después me tocaría a mí experimentar esa terrible pérdida, pero ya no tendría la esperanza de volver a verlas otra vez...
Me olvidé de nombrar al potrillo. "Pirpinto", Hijo de la Zaina, el hermoso potrillo que ya iba para potro y que estaba empezando a cambiar el pelo.
Una de esas mañanas bajaron Alberto Gutierrez y uno de los hijos de Gerardo Salazar, y en un camión alquilado llevaron a los tres caballos hasta Raco. Luego, al paso, los hicieron subir hasta Las Arquitas.
Llegó el bautismo de Maximilian, mi sobrino político. Nicky sería el padrino. Tuvo que viajar hacia Alemania. Yo no podía, ni quería , abandonar mi trabajo, recién estaba comenzando,recién me estaba afianzando, no era posible.
Se fue Nicky. Lo despedimos con Pablo, y los dos tomados de la mano, lo vimos alejarse hasta que su ómnibus se perdió en la distancia. Y , al día siguiente, regresamos a Las Arquitas.
Llevábamos una enorme cantidad de carga. Eran víveres para casi dos meses Habíamos comprado de todo.Cargamos el avión, y luego las mulas , y nos instalamos en la casa, ya familiar.
Y allí me ocurrió la sorpresa más desagradable de toda mi aventura en la montaña. No tenía yo en ese momento ni la más pálida idea de las elucubraciones mentales de la familia Gutiérrez, que a la larga se quedarían con la casa que construyó con tanto esfuerzo mi marido, y que ahora mencionan como de su propiedad. Hasta incluso ahora reciben gente y tienen el descaro de publicar en revistas las fotografías de los desayunos con la vajilla que fue mi regalo de bodas...Pero en fin...cada uno con sus traiciones y hubo quien les dió de comer, porque como dicen, no hay que buscar al chancho, sino a quien le dá de comer...
- Mire dotora, yo voy a usar para la casa lo que uste a comprao, porque el seño Nike a dejao dicho que todo se va compartí.-¡Carámbola, con mi hijo a la par , no me quedaba otra que aceptar!. Cómo está presa una madre, a veces...
Volvamos a los caballos, que son los recuerdos que más duelen. No había forma de hacerse con ellos.
- El señó Nike a mandao que vayan pal alto-
- Es muy lejos para ir a traerlos, vaya a sabé uno donde se han ido...-
Muy poco tiempo estuvo la zaina con nosotros. La utilicé varias veces para llevar a mi hijo a la escuela, los dos nos enamoramos de ella. Era tan vivaz. A veces nos hacía algunas travesuras, como no querer andar cuando subíamos los dos juntos. Entonces yo la tomaba de la rienda y así hacíamos el camino hasta la escuela. Un día desapareció de mi vista, nadie supo más donde estaba y no la ví más, a pesar de todos los esfuerzos que hice para saber de ella.
- El señó Nike mandó decir...-
Entre mis tareas como médica, que me dejaban escaso tiempo para vivir siquiera, la escuela de Pablo y los viajes en avión, era muy poco lo que podía hacer, no había radio ni teléfono allá arriba...
En cuanto a la Mora, era utilizada por la esposa de Gutiérrez, Teresa, para ir a la escuela.No era que no tuvieran caballos, porque tenían los propios y muy buenos. El asunto era usar lo de otro, y así no arruinar los suyos. Todas las mañanas, a las seis, cuando nos estábamos levantando para ir a clases, escuchábamos el galope de la yegua, en la que se iba apresurada, antes de que nadie la pudiera detener. Así partía ella , todas las mañanas, llueve o truene, en la yegua del hermoso andar. Cuando regresaba, galopando hasta la puerta de la entrada baja, allí la recogía Alberto,y hasta el día siguiente, era trasladada al "alto".
Todas eran órdenes impartidas previamente por el patrón ausente.
Pero todo lo malo pasa, el sol sale de nuevo, y un avión nos trajo a Nicky de regreso. Volvimos al campo.Había muchos asuntos que solucionar. Los muy ladinillos , para salvar el pescuezo, fraguaban dichos y hechos.
- Patrón, venga a ver que los de Cata han roto el alambrao-
- Don Nike, ahi andan el esposo de la maestra mirándola a mi hermana, hable usté- y mil y una distracciones más. Yo estaba en lo mío, no tenía tiempo para distracciones.
Mal hecho. Hay cosas que nunca se deben perder de vista, y lo que se ama, menos.
Un día, descendiendo a caballo hacia Raco, nos cruzamos en el monte con una yegua sumida en flacura.Casi no se movía. Parecía desplomarse en cualquier momento. Con sorpresa descubrí que era la Rana, mi Zaina.
Sentí un dolor en el pecho como no lo sentí nunca antes.Quise señalársela a mi marido,pero él la había reconocido ya. Palidecía. Me hizo señas de que no dijera nada.
Ya presentía yo que mis yeguas , a quienes nunca había disfrutado como habíamos soñado, se me iban, se me iban, se me iban...No dirían ya al verla atada a un árbol : - "Ya llegó la dotora"...
Nunca, nunca, nunca, me dolió tanto el corazón.
En la city la vida se transformó en una vorágine. Había que solucionar asuntos urgentes de la montaña. Hacer compras, presentar papeles, cobrar dineros. Las compras era lo más dificultoso. Andar comercio por comercio, elegir precios,buscar lo mejor, lo más adecuado.
La furia de mi esposo fue in crescendo. Se levantó y dió unos terribles golpes de puño en el sillón en el que estaba sentado, furia, impotencia, incredulidad...Alberto, encogido,sólo daba excusas. Me sentí mareada. No aguanté el dolor. Me saltaban las lágrimas. No podía moverme.
Cuando Alberto por fin se fue, lloré por esas yeguas como por un amigo. Por la impotencia, porque lo había visto venir, ya hace mucho tiempo. Eran tan hermosas. Hubiera costado tan poco que las cuidaran, todo se les pagaba y muy bien. Nunca entendí muy bien porqué las dejaron morir. Alguien me habló alguna vez de maleficios. No lo sé, pero no hubieran tenido que pagarlo ellas.
Lloré, lloré y lloré toda la mañana, sin consuelo. Ya nada me las devolvería. Y lloro cada vez que las recuerdo. Alberto y familia, me deben ese dolor...
jueves, 3 de julio de 2014
DIARIO
Miércoles 04 de Mayo de 1994
Este es el tercer día que estamos en Las Arquitas.Planeamos quedarnos el mes entero.
Llegamos el sábado,en un avión del Aeroclub, hasta la pista de Ancajuli,casi a la una de la tarde.El avión nos dejó con nuestra carga y se marchó.
En Ancajuli conocimos al nuevo secretario de la Comuna, Luis Núñez, quien hace escasos quince días había llegado a la montaña para tomar su cargo.Nos recibió con grandes muestras de alegría, pues se encontraba muy solo.La soledad en la montaña llega a doler, si no se está acostumbrado.
Me puse a la tarea de ordenar el desvencijado CAPS y nos dió mucho gusto a todos el ver cómo funcionaba de bien la heladerita recién conseguida ( y con mucho esfuerzo) para las vacunas.
Entre papeles viejos encontré encontré un cuaderno de la señora de Soaje, antugua propietaria de la Sala de Ancajuli.Allí estaban anotadas las trasmisiones radiales de la estancia,vuelos con médicos, ingenieros, transporte de alimentos, fiestas, toda una reliquia. Haciéndose la noche, entre empanadas y vino Crestón, nos quedamos hablando hasta cerca de las cuatro de la madrugada, entusiasmados por el deseo de hacer y mejorar,la salud, las viviendas, la escuela, los temas importantes de la montaña.
Al día siguiente, domingo, comenzó la búsqueda de los caballos para viajar a Las Arquitas. Paciencia, si hay que buscar caballos,no es tan fácil. Esperamos hasta cerca del mediodía y aprovechamos con el enfermero para dejar el CAPS hecho una pinturita.
Luis y el casero de La Sala, Puleta,quisieron acompañarnos en el viaje para conocer la casa de Las Arquitas.En el primer tramo del camino, todo muy bien, luego, les impresionó con un poco de temor, el ascenso y especialmente el descenso brusco del cerro que está al frente de la casa.Y por suerte,ya al anochecer, llegando sin problemas a la casa querida.
No los dejamos regresar, porque era noche cerrada y afuera hay peligros y rondaban los pumas.No es que ataquen a la gente, aunque hay algunos relatos, pero sí espantan a los caballos y eso es peligroso en el sendero escarpado.
Les gustó muho La Sala de Las Arquitas. La encontraron muy acogedora, hogareña, como "casa".
Nos fuimos a dormir temprano. A las siete, dormíamos aún. Cuando nos levantamos , ellos ya habían partido con las primeras luces.
Sentados al sol de la incipiente mañana , tomando café con pan amasado, esperamos el helicóptero. Mirábamos el círculo de piedras pintadas de blanco en la ladera descendente de la casa : nuestro "helipuerto". Matías Navarro, piloto excepcional, nos ha hecho la promesa de traer hoy la antena de radio,junto a los técnicos para instalarla.
Llegó el helicóptero con su ruido de moscardón pesado , y se asentó suavemente dentro del círculo de piedras. Bajaron Enrique Caro y otro técnico, traían todo. Don Lizárraga aceptó un vaso de leche fresca, recién ordeñada. Sin perder tiempo se pusieron a la tarea, en la montaña uno no se puede dar el lujo de perder el tiempo, cuando vuela. En la parte de atrás de la casa se erigió la nueva antena, se colocaron la radio, el panel solar y la batería. En un silencio expectante se hizo la primera comunicación con el área oeste.Contestaron : Atento,atento,aquí area oeste a Z 21. Aplaudimos. Alberto Gutiérrez no cabe en sí de gozo. Ya nunca más aislados. La radio une, y salva vidas.
Trae también don Lizárraga a un niño que se ha caído y lesionado la mano,es una esguince. Le coloco un vendaje, le doy la medicación. Todos se despiden y suben al helicóptero. Mientras gira para enfrentar la cañada, nos saludan con la mano.Mision cumplida!
El ron ron del helicóptero se aleja sobre el río. Y en un instante vuelve el silencio. Y quedamos solos.
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