viernes, 28 de junio de 2013





              VALORES

                             Hablemos del valor en la montaña. Condición indispensable, séase mujer o varón.
                              Valor para enfrentar el miedo. Coraje para no temer a la noche, a la soledad, a la oscuridad. Coraje frente a la tormenta, al viento, al rayo, al granizo, al sol.
Coraje frente al animal, al caballo, al perro , al puma, al jabalí. Valor de saber disparar un arma. Digo bien, de disparar, no de portarla. Hace falta saberse si se está dispuesto a tirar en el momento preciso. ¿Qué haría con ella?
     - Y...¿Es capaz de defenderse usté con eya? ¿De dispararle a un bandidaje?...¿Sí?...¡Ah...
     - Cuidao con este caballo , doctora, cuando lo monte , con cuidao... Una vez ya me hai agarrao una pierna y me ha llevao arrastrando por estos cerros un buen trecho. Es espantadizo, es... No alborote el poncho por delante ni haga ruido de papel...
     - Dicen que por ahí, por donde va a pasá usté pa volver al dispensario, por ahí, sale la mujer de blanco, que ha muerto ya hace mucho, pero todavía aparece...O se escuchan voces y quejidos cuando uno pasa...Hay que santiguarse, es todo...Bueno, tome la linterna doctora, que le vaya bien, que pase buena noche...
                             El valor de cabalgar horas y horas. ¿No le duelen las asentaderas, doctorcita? Mire que ya i'mos andao casi cinco horas... Má que por ahí vienen unos changos debilitos, achuzaos, que no aguantan y le salen unos ampollones... A veces se asustan ahí nomás de andar bajando y subiendo las quebradas. Vea Usté, Usté que es mujer y se aguanta todito, éstos prefieren andarse caminando...
                             El valor de alimentarse con cualquier cosa.El valor ante el frío y ante el calor.
      - Veanlá a la doctorita, ni el viento la ha parao, ni el frío. Ni le asoma la nariz detrás del gorro. Vean, vean esta doctorita nomás, lo que hace ella. Le parece divertido... Así anima la gente y también aplaude la falta de miedo. Y más que la falta de miedo, el aguantarse el miedo.
                             El valor de volar...
       - Y de ahí hemos visto todos, que apenita, apenita, alcanzaba el vuelo...Se a alzao despacio, aletiando porque el viento no lo dejaba levantar, vió Usté. Es que iban de a dos atrás. El pobre acurrucao de dolor y la doctora allí atracito, acurrucada atracito. Pero han salío nomás. Y ahorita debe de estar ya en el hospital, bien atendío por los doctores , o ya estará operao, qué será...
       - Y así somo aquí, doctora. Derechamente, nomás, ahí andamos. No le tenimo miedo a nada. Los changos de ahorita andan flaquiando ...¿A nosotro? Nuestros padres nos mandaban asisíto nomás, descalzos por la mañana antes de que amanezca a cuidar los caballos y a traer las vacas en medio de la nieve. Y así andábamos, en medio de la nieve. Descalzos nomás. Y nos aguantábamos ¿No? Estos de ahora son unos flojones...
                              El valor en la montaña tiene connotaciones emocionales y morales altas. Es uno de los elementos indispensables para ser respetado. Y conmunmente es un motivo de risa y de comentarios despectivos cuando algún visitante "de abajo" muestra algún temor en la montaña. El valor es un arma poderosa, tanto en los grandes como en los niños. Con ella, el montañés supera pronto su condición delante de "los de abajo". Aquí en la montaña, él es el "hombre" , y manda por su temeridad. Nunca olvidaré, que después de que me extravié en la montaña, cuando regresé, fueron a visitarme a La Sala muchos baqueanos de Chaquivil. Fueron muy respetuosos, a felicitarme por haber "vencido" en la montaña. Salir ilesa de toda esa aventura me valió el respeto de los baqueanos, sobre todo de los más viejos. Esos respetos significaron para mí una medalla al valor. Nunca los olvidaré. Me siento orgullosa de haber superado esa prueba.




sábado, 8 de junio de 2013




               NOSTALGIA

                                      A veces siento nostalgia de cabalgar. Hay muy distintas formas de hacerlo. Se puede andar muy despacio, por el lecho de un río pedregoso y entonces siente una misma el cansancio del animal luchando contra las piedras que le astillan los cascos. Pareciera que bracea en el agua, pero es que se le hunden las patas en el terreno pedregoso y cada paso le cuesta un tremendo esfuerzo.
            Se puede cabalgar al trote, en un camino llano, que pasa por debajo de sombras verdes y en donde todo huele a humedad. Cantan los pájaros, escondidos en el ramaje. Abajo, el suelo se cubre de frutillas silvestres, y al pasar, estiro la mano para ir saboreando algunas. No son muy dulces, pero son muy frescas y calman la sed. A veces dan ganas de cantar, o silbar y dejo entonces que el resto de la comitiva se adelante un poco, me rezago atrás, para hacerlo con comodidad.
             Cabalgar en un día límpido y celeste, fresco y sin viento, es lo mejor, pero para un trayecto corto. La imagen de las montañas cercanas se pega a los ojos, nítida, luminosa, con todos sus detalles. La ropa no es molesta, el caballo está brioso, con ganas de andar. El campo huele bien, las flores crecen en cualquier parte, con matas de color. La gente, los chicos, salen a andar a los caminos. Los cruzamos y nos saludamos.

              Para bajar y subir montañas, para grandes cabalgatas, hay que disponer de un caballo manso, guapo y aguantador. Baqueano en el conocimiento de los caminos, de día y de noche, que no tema el rayo ni el estampido de un revólver, ni tampoco que le tenga miedo al lodazal. Cuando se tiene ese tipo de caballo entonces el viaje se transforma en una aventura extraordinaria. Caballo y jinete se entienden perfectamente el uno al otro, y a la hora de cabalgar pareciera que se hubiera nacido sobre el caballo, tan coordinados son los movimientos de una con el animal. Entiende cuándo hay que salir de un apuro y dar un salto, cuándo poner esfuerzo en arquear el lomo para trepar una pendiente escarpada. Cuándo debe tantear con sus patas delanteras cuando el camino resbala y las piedras caen... Cuando se trepa, el caballo arquea el lomo y suda copiosamente, yo me inclino hacia adelante, sigo con atención sus movimientos, para causarle el menor peso posible. Resopla y jadea. Cuando es mucha la subida, le tiemblan las patas delanteras, y a veces se le doblan del cansancio. Hay que llevarlo entonces haciendo ondulaciones en la ladera. Para un lado, para el otro. Un pequeño descanso para recuperar fuerzas y observar el paisaje y seguimos. Cuando llego a la cima siempre desmonto, para que el animal descanse, mastique unas hierbas refrescantes, y para estirar las piernas, que de tanto apretar quedan temblorosas y doloridas.

             Si hay que descender, es preciso componer la montura. Siempre he preferido la montura pequeña, de doble cincha. La inglesa , si es para pasear o para cortos viajes. Pero para largas horas de trajín no hay como la montura criolla, alta y llena de cojines o aperos tejidos con la lana de las ovejas propias. Una vez cinchado el caballo ( Hay veces que hay que tener cuidado, sobre todo con las mulas, que hinchan a propósito el abdomen en el momento de la cinchada, y luego la montura queda suelta) comienza el descenso. Es necesario mostrar firmeza. Es cierto que, allí arriba en la cumbre de una montaña y , frente a frente con un enorme abismo verde oscuro o rojizo, talonear al caballo para que se anime a bajar por un sendero estrecho sin garantías de ninguna especie, es algo que tampoco a nosotros nos anima demasiado. Mas es preciso superarlo y taloneando le indicamos que no estamos dispuestos a ceder. Meneando la cabeza, se decide a bajar. Entonces es cuando mas tenemos que confiar, porque una flaqueza en el pulso es sentida de inmediato por el caballo, que retrocede, se sale del camino o se para.
             Bajamos, lentamente al comienzo, con el fin de que vaya tomando confianza. Luego mas rapidamente. Despues de algun trecho, comienzan a doler las rodillas ya que durante el descenso se deben poner ñlas piernas tirantes, apoyar los talones en el estribo y arquearse hacia atras. Cuando mas inclinados, mejor. A veces, aqui suelen suceder algunos trances desagradables. Uno es que la montura , demasiado floja, de pronto se corra hacia adelante y quedemos como por arte de magia , sentados en el cuello del caballo. A veces, la soga de seguridad que lleva al cuello se desprende sin ser vista y se enreda en las patas del caballo. Otra, que tropiece en una piedra, o que del cansancio se le doble una de las rodillas, como pasa a menudo cuando el viaje es largo, de muchas horas, o cuando hay mucho barro en el camino. En ambos casos, el caballo cae bruscamente hacia adelante. Y si no estamos atentos  y si no se tiene los reflejos condicionados, es muy posible que pasemos rodando por encima. Es por ello que siempre hay que tener la rienda en la mano, fuertemente, y si es posible, en las dos manos. Porque al instante de sucedido el accidente hay que dar un tiron hacia atras. Esto logra que el caballo se encabrite hacia atras, salvandose y salvandonos de la caida. Si lo hicimos bien, hemos ganado en el caballo un amigo, ya que no olvidara nunca que puede confiar en nosotros. El resto del viaje se hara entonces mucho mas facil.
             Con el barro y los pantanos, en los alrededores de Chaquivil y San Jose, tambien se necesita un caballo resistente y sin miedo. Baqueano. Porque digo sin miedo, y es porque muchos animales han caido o se han golpeado malamente al atravesar un pantano y ya no quieren volver a cruzar un pantano o por lugares donde haya barro. A estos caballos no los podemos usar porque se atontan, se empacan o se enojan y con ello corremos peligro. Pero cuando el caballo es bueno, que emocion intensa el aventurarse en el lodo. Tantea con las patas delanteras y se echa a andar con fuerza. Aqui sentimos como propias las patas del caballo, porque nos trasmite por todo el cuerpo la firmeza de sus patas. Apoya, afirma, apoya, se desliza, firme. Apoya, resbalon, se inclina hacia un lado y con enorme esfuerzo suyo y nuestro sale, apoya, afirma nuevamente, sale. Voy quedando salpicada de barro, el caballo por entero, yo, la espalda, las piernas, la cara , el pelo. Son momentos de lucha, en los que nadie habla, por lo intenso y peligroso. Estamos expuestos a caer rodando, jinete y animal. Vamos llegando asi a la parte mas honda. Como hundiendose, el pecho del caballo se empapa de barro. Las ancas se hunden , tambien. El animal bracea y patalea con todas sus fuerzas. No puede quedarse quieto. Resopla y se le hinchan las narices. Un instinto de supervivencia en su lucha contra la cienaga. Y aqui si que nos embarramos. Las botas se cubren, el pantalon se empapa. La camisa ya no se ve.A veces un escalofrio del lomo o un movimiento de la crin del caballo nos tira lodo a la cara. A los ojos , a veces. Por eso es preciso concentrarse. Son minutos de lucha. Si no quedamos alli, salimos. Eso es todo. Salimos. Cada vez con menos barro, con islotes de pasto, con piedra, el caballo pisa mas firme. Por fin, tocamos tierra solida y segura. No solo el caballo transpira. Ambos necesitamos respirar y descansar un rato. Luego seguiremos.

              Cuando llueve, el andar cabalgando tambien tiene sus variantes. Tenemos la gran tormenta, que se desencadena de pronto, sin aviso. Casi siempre vamos vestidos de verano. Hace calor. Un rayo azul violeta parte un arbol cercano. El caballo alza las orejas y todo su cuerpo vibra. Esta alerta y temerosoSon pocos los caballos que no tiemblan ante el rayo, y personas tambien. Y si vamos cabalgando sobre una colina descampada donde somos lo mas elevado... No es necesario apresurar al caballo. Solo tiende al galope. Llueve copiosamente. Todo se hace agua. El sendero, que chapoteamos al galopar. La montura, que se torna escurridiza, la ropa, que gotea. Muevo los dedos de mis pies en el calzado: flotan en el agua que llena las botas. Cesan los rayos, mas continua lloviendo. Se hace agradable el galopar con la lluvia pegando en el rostro, escurriendo por el cuello, por la espalda. Aun hace cierto calor. El pelo empapado me cubre los ojos. Agito la cabeza y continuamos. Todavia el sendero no es resbaloso. Podemos galopar con tranquilidad. El agua es una bendicion de Dios.
            Cuando llovizna y hace frio, hablamos de otra cosa. Es muy conveniente no dejarse mojar. Porque hacer frio, hace y mucho. Bien abrigada, medias de lana, buzo, campera, guantes de cuero, gorra y bufanda. Una capa protectora de la lluvia. He probado todos los estilos de proteccion. Chaqueta y pantalones de plastico. Capas con mangas , sin mangas . He llegado a la conclusion que lo mejor es una capa tipo poncho , con capucha o sin ella, con amplio sombrero aludo de fieltro. Cubre todo, a nosotros, a las alforjas y hasta protege al caballo.

Y aun a pesar de ello no podemos evitar la llovizna fria en la cara y la sensacion de estar quemandonos la piel. El entumecimiento llega al maximo ,y si no nos hemos abrigado bien podemos llegar a pensar que vamos a morir de frio. La tarde llega con llovizna y silencio. El pasto humedo. Las ramas mojadas goteando por doquier. La oscuridad avanza. Solo se oye el ruido de los cascos golpeando contra las piedras. Soledad gris y pesada. El rio crece y resuena su murmullo. Como un grifo abierto. Las casas oscurecen. Los techos humean. En cuanto lleguemos, vamos a encender un fuego en el hogar y a calentarnos bien , mientras saboreamos mate dulce, queso recien hecho y tortilla calentada al rescoldo.

             Si vamos a cabalgar de noche, el caballo ha de conocer el terreno. Porque el y solo el ha de ver el camino. Nosotros, aferrados a las riendas, apretando las piernas a la montura, afirmandonos en los estribos, no vemos nada : NADA. Pero NADA, NADA de NADA. Es tan oscura la noche cuando no hay luna o cuando llueve. Podemos pasar las manos sobre los ojos, muy cerca , y sin embargo no las vemos. Ni un rastro. Ni una direccion. Pero el caballo va. Sube y baja. Trepa y desciende. Con mucha cautela, con sumo cuidado. Tantea y se larga. Sentimos que resbalamos por un tobogan de oscuridad. Queremos creer en el caballo. Lo hacemos, porque no nos queda otro remedio. Tratamos de imaginar el camino, los recodos, las piedras. Pero no. Es imposible. Solo nuestro caballo "lo ve" . Hay momentos que nos parece sentir la mirada del puma acechando en los montes, nos da un escalofrio en el cuello. Hasta que divisamos muy a lo lejos una tenue luz , o luces de linternas de los chicos que salen a encontrarnos. Y llegamos, sanos y salvos, gracias a Dios. Y a nuestro caballo, por supuesto.



 LOS NIÑOS

                       Me encontraba en el Aeroclub. Habia descendido a buscar mas carga de leche para la montaña. La guardaba alli, en ese lugar, gentilmente cedido por sus autoridades , especialmente cuando la carga era grande como en este caso, mil kilos de leche en polvo. Desde aqui el trayecto era mas corto, tardabamos menos tiempo en ir y venir y se ahorraba combustible. Todo esto porque la pista de aterrizaje del Aeroclub Tucuman se encuentra al pie del cerro San Javier, ahorrando literalmente todo el trayecto sobre la ciudad y aun mas , hasta el aeropuerto. El piloto , a su vez, tambien queria ahorrar tiempo ese dia porque el PA 18 contratado por Canal 10 iba a realizar vuelos y filmaciones de una carrera de automoviles en pleno camino de montaña y faltaba poco para su comienzo.
                        Cuando termine la tarea, los camarografos estaban listos para comenzar la suya. Conversando con ellos conoci al su Director de Programacion, de apellido Rojas, quien me aviso que estaban recogiendo una importante cantidad de juguetes para el Dia del Niño y que, si estaba interesada, le redactara una nota y luego me dirigiera al Canal para retirar los juguetes. Me entusiasme tanto, que instantaneamente pedi prestada una maquina de escribir y alli, en la Secretaria del Aeroclub escribi, firme y selle la nota , dejandola en manos del propio Director , haciendo mencion de la cantidad aproximada de niños que habia en la montaña.
                        Al mes siguiente, habia recibido una nota en la Direccion de Operativos Sanitarios, lugar donde dejaba mi direccion  para la correspondencia. Se me informaba el dia y la hora en que debia dirigirme al Canal para retirar los juguetes.
                          Me quede en el departamento. Para ese entonces  yo ya habia alquilado un departamento para encontrarme con mi hijo. Estaba ubicado en la misma capital, lo cual favorecia los penosos tramites de presentar planillas o realizar compras. Traia a mi hijo de la casa de mis padres y pasabamos juntos dos o tres dias, a veces mas, saliendo juntos a todas partes.
                          Este dia sabado era uno de esos. Nos habiamos levantado muy temprano, a las seis y media de la mañana, ya que a las siete nos esperaban en el Canal. Nos abrigamos muy bien. Era invierno, hacia frio y lloviznaba. Tomamos el colectivo y descendimos en la puerta del Canal. Timidamente, luego un poco mas confiados, mi hijo y yo entramos.
                          Nos estaban esperando. La programacion habia cambiado de idea y con la finalidad de darle mas promocion al asunto habia decidido que fuera yo en persona la que recibiera frente a las camaras la donacion de juguetes. Yo no lo podia creer. Eran mas de dos mil juguetes.

 Alli conoci, mientras esperabamos que comience todo, a Susana Tous, gerente de Expreso Bisonte, una mujer muy agradable y sumamente ejecutiva, como lo comprobaria despues.
                           De manera que al rato se encendieron grandes luces en el set de filmacion y previamente, se realizo el sorteo de varios juquetes mayores, bicicletas y otros rodados para niños. Vimos con mi hijo como se desarrollaba una filmacion y luego, frente a luces y camaras , hable de la montaña, de sus pobladores y de sus niños. De su gran y real necesidad, quienes fueron merecidamente agasajados por este Canal en dichosa hora. Agradeci al Canal su donacion y todo termino.
                              Luego, me encontre con el problema del traslado de tantos juguetes. Yo no habia traido un vehiculo grande ( ni tenia como) necesario para llevar la enormidad de juguetes. Entonces Susana me regalo el traslado de los juguetes en un camion del Expreso Bisonte. Nos volvimos de regreso con Pablo, muy dichoso de haber disfrutado tanto.
                               Al anochecer, a punto de prepararnos para ir a dormir, llamaron por el portero. Venian los juguetes. Debo aclarar que teniamos una habitacion vacia completamente, la de servicio, ya que todavia Pablo pasaba sus dias de escuela con mis padres y solo lo traia conmigo cuando yo bajaba de la montaña. Entonces me acompañaba desde temprano, de aqui para alla, a todas partes.
                               Regreso a mi historia. Cuando bajamos por el ascensor , ya la gente de Bisonte habia descargado los juguetes en el hall y nos quedamos ahi, abriendo la boca, ya que todo, todo el espacio estaba cubierto de juguetes. La gente de Expreso se retiro y el portero, embelesado, nos ayudo a subir al 5° piso la preciada carga que colocamos en la habitacion vacia. Eran casi veinte bolsas enormes de plastico transparente que llegaban hasta el techo, cargadas con pelotas plasticas de todos los colores. Otras guardaban pequeñas bolsitas con juegos de cocina, de ollas, de te, todo muy plastico y colorido. Eran todos, todos, juguetes nuevos. Mi hijo estaba enloquecido. Iba y venia entre las bolsas. Para organizar el traslado se me ocurrio la idea de deshacer las grandes bolsas y dejar libres las pelotas dentro de la habitacion vacia. Asi fabricamos un pelotero  en donde Pablo se canso de bucear y saltar.

Luego, agotado, comio toda la cena, tomo la leche y se quedo dormido.
                               A mi , el corazon me latia fuerte. Habia logrado que a la montaña se la proveyer de medicamentos, vuelos gratuitos para la salud durante todo un año, mil kilos de leche por entrega. Habia logrado llevar odontologos, sacerdotes, bioquimicos , analizadores de agua. Pero esto era como un bonus extra, Sentia una extraña sensacion que habia logrado lo maximo con mi solo esfuerzo. Mi hijo lo compartia. Y ese dia me senti feliz, muy muy feliz.
                              El domingo por la noche devolvi mi hijo a la casa de mis padres. El lunes me dirigi en una camioneta del SIPROSA hacia el aeropuerto con parte de la colorida carga, mas medicamentos  y leche. En el Aeropuerto no todos compartian mi dicha (Siempre por ahi la mala onda ¿No?) . Yo no pensaba en nada. Sentia que esto era maravilloso. Ls pelotas de colores impactaban la vision ¡ Y eran Tantas!...

                             Imaginaba la montaña llena de niños corriendo tras su pelota de color , nueva como el sol. Pero algunos decian a mis espaldas : ¡Que hace esa doctora con juguetes! Creian que yo hacia algun tipo de propaganda personal...Se me encoge el corazon cuando recuerdo esos comentarios que tan diligentemente me hicieron llegar terceras personas. Pero ese era un mundo que estaba fuera de mi. Mi entusiasmo era tal que no le di importancia. Vole en el Piper cubierta de colores. Las pelotas llegaban hasta el techo, me impedian ver. Llegaban hasta el techo y cubrian toda la cabina.
                             Cuando llegamos a Anfama soplaba el viento con fuerza. Aterrizamos sobre la elevada pista ubicada sobre el morro del cerro y al rato aparecio, enfrentando las rafagas del viento, don Alvarez, el enfermero de Anfama. El dispensario estaba ubicado al pie de la pista, y el ruido del motor lo habia alertado.Venia acompañado de algunas personas mas, ya que siempre que llegaba el avion es que habia una carga para trasladar. Vi tambien varios niños.
                             Recuerdo todavia como en un espejismo , como algunas pelotas se escapaban de mis manos con la fuerza del viento , para saltar laderas abajo. Recuerdo a los niños, con los ojos brillantes. Recuerdo a los niños corriendo detras de ellas. Y a otros con las manos y los ojos llenos.

                            Recuerdo tambien  a un pequeñin como de cinco años, con sus pies descalzos y sus piernitas quemadas y robustas. Su ropita volandole al viento. Corriendo muy cuesta abajo, con dos pelotas anaranjadas , una debajo de cada bracito, corria presuroso , temiendo que se las quitaran...
                            La imagen de ese niño de espaldas, escapando con las pelotas, como una pinta de color en la inmensidad de la pradera amarillenta, me quedo grabada como en una fotogrfia. Grabada en mi mente y en mi corazon. Y la llevare siempre conmigo...


       

martes, 4 de junio de 2013




              DIARIO : Miercoles 04 de Mayo de 1994

                           Este es el tercer dia que estamos en Las Arquitas. Llegamos el sabado, subiendo en un avion del Aeroclub (Que pagamos) hasta Ancajuli, casi a las una de la tarde. El avion nos dejo y se volvio.
                           En Ancajuli nos encontramos con el nuevo secretario de la Comuna, Luis Nuñez, que por primera vez llegaba a la montaña y estaba alli desde hace 15 dias, estaba solo y nos recibio con gran alegria.
                           Me puse a la tarea de ordenar el CAPS y nos dio mucho gusto ver como anda de bien la heladera para las vacunas.
                          Entre los papeles viejos encontre un cuaderno de la Sra de Soage, antiguos dueños de la Sala de Ancajuli, donde estaban anotadas las trasmisiones radiales de unos años atras , muy interesantes. Toda una reliquia. Pernoctamos en el CAPS, luego de quedarnos despiertos hasta las cuatro de la mañana, ya que habia temas variados y bastante importantes sobre la montaña y sus habitantes.
                          Al dia siguiente, domingo, fue la busqueda de caballos. Tuvimos que esperar toda la mañana hasta que los prepararan y aprovechamos para dejar el CAPS hecho una pinturita.
                          Luis y el cuidador de la Sala (Puleta) quisieron acompañarnos para conocer la Sala de Las Arquitas. Al principio muy bien, luego les impresiono, sobre todo a Luis, el ascenso y el descenso mas o menos brusco y precipitado del cerro que tenemos al frente de la casa. Llegamos sin problemas y no dejamos regresar a los visitantes porque era ya tarde y es muy peligroso viajar de noche por la montaña cuando no se conoce. Les gusto mucho La Sala pues la encontraron como "casa".
                         Nos fuimos a dormir temprano. Cuando despertamos al día siguiente, ya se habían ido. A las siete, dormíamos aún.
                         Nos levantamos esperando el helicóptero, ya que era promesa de Matías Navarro , el Director, hacer llegar a Enrique Caro y a otro técnico de comunicaciones para traer los elementos e instalar la radio. Llegaron, por fin, y se dedicaron inmediatamente a su tarea. Quedaron impresionados por el silencio, la inmensidad y la belleza de este lugar. En un instante estuvo colocada la antena de varios metros y cuando volvió don Lizárraga ( el piloto del helicóptero, eximio) , sólo tuvo que esperarlos un momento, el suficiente para ser convidado con un vaso de leche fresca . Traía un niño en el asiento de atrás, Venía de Ñorco , se había lesionado la muñeca. Le dí los auxilios , lo vendé, le dí su medicación y así pudo regresar a su casa sin necesidad de ir a la ciudad. Luego se despidieron todos, subieron al helicóptero que levantó vuelo con su ronroneo característico y en dos segundos quedamos nuevamente solos los dos, en la inmensidad de la montaña.
Aquí pasé los mejores momentos de mi vida...Atrás se ve la antena que colocamos ese día.

Allá se ve el río, que pasa delante de la casa. La tierra de Las Arquitas es tierra colorada, como se ve...

La casa, desde arriba.

La casa, mi casa, nuestra casa. Prestada por la familia Medda para mi marido, que era el administrador. El la construyó , con mucho esfuerzo, con ayuda de Juan Gutierrez y Gerardo Salazar. (LAS FOTOS NO SON MIAS; ME LAS PASO UN AMIGO VIAJERO INCANSABLE)

miércoles, 29 de mayo de 2013


       MATERNIDAD

               - Doctora-
               - Que, hija -
               - No se si voy a poder tener el hijo aqui -
               - ¿Porque? -
          A este punto, mi paciente, mujer de treinta años ha logrado ocupar la atencion de la Sala de Guardia de la Maternidad. La enfermera, la administrativa, las doctoras, las otras pacientes. Todos la rodean.
               - ¿Porque no vas a poder traerlo al mundo aqui? Le pregunta la enfermera, entre afligida y risueña.
               - Porque yo no se tener de acostada -
           Un ¡Oh! de sorpresa sale de todas las gargantas. Y todas, todas, quieren escuchar la historia de como tiene los hijos esta mujer de Ancajuli.
               - Mire, yo, cuando siento el dolor de parto, solita preparo las cosas. La tijera, el hilo, la silla y el cuero de oveja, bien gordito - Su voz se anima y sus ojos brillan al verse escuchada con tanto interes.
               - Entonces me voy para el rio. Me hago dar bien en la cintura y en la cadera el agua fria, hasta que no doy mas. Entonces vuelvo a la casa. Me arrodillo sobre el cuerito de oveja ( acuclillada, en realidad). Alli, aferrada a la silla, hago dos o tres fuerzas y el chiquito nace. Yo solita le corto el ombliguito y lo ato. Despues lo envuelvo, lo pongo en la cama. Le doy la primera mamada. Ni me acuesto. Espero "largar" lo otro (la placenta) . Pero no me acuesto. Sigo andando. No tengo necesidad de hacer cama. Y asi ya van seis. Este es el siete. ¿Lo podre tener de acostada? Yo creo que no voy a poder...
              Ejemplo de una mujer de la montaña. Costumbres diferentes. Todas la miramos. Y la admiramos. Quisieramos hacer asi. Las doctoras, las empleadas, la enfermera, las otras parturientas.
               Una de las doctoras la toma del brazo y la pasa a la Sala de Partos.
               - Veni, pequeña, que te voy a revisar. No tengas miedo - le dice.
SAN JOSE

        Don......es como un cacique para San Jose. Todos lo respetan, o lo odian. Pero el tiene su importancia y asi se lo trata.
         El llamado urgente desde San Jose era para una hija suya, con graves problemas. Estaba embarazada y habia comenzado con perdidas y dolores. Llame al avion por la radio y al poco rato partiamos hacia San Jose.

          Aterrizar en San Jose es toda una aventura, solo igualada por el aterrizaje en Chaquivil. La pista, construida sobre el filo de una montaña, en la pendiente semiinclinada de la ladera, domina el pequeño vallecito que contiene a la Escuela, el Dispensario y la Capilla. Se desciende por entre las redondas lomas que son todas iguales vistas desde arriba. Se ven las quebradas, con sus hilos de agua al fondo, que tanto cuesta cruzar a caballo por lo empinadas y pedregosas que son y de pronto se ve una loma surcada por un rectangulo alargado de otro color , como si se hubiera rasurado ese lugar de la montaña. Es la pista de San Jose.
           El avion entra a descender y hace una amplia curva sobre el cerro del norte que domina el vallecito para enfilar luego hacia la cabecera de la pista. Pasamos rasando ese cerro y algunos alisos grandes. Sobre un cerro negro recien arado. El avion se levanta un poco como al soplo de un viento al caer al vallecito. Y vertiginosamente pasan por debajo la Escuela, el arroyo, los niños en el patio mirando al cielo, el dispensario, y rodamos la cuesta pendiente arriba, con la nariz al cielo, y muy inclinados tocamos tierra. Es en ese momento preciso que siempre ruego que hayamos descendido con suficiente fuerza para seguir adelante. Pareciera que si se apaga el motor rodariamos hacia atras. Pero no; callan los motores y aun seguimos rodando con bastante fuerza como para llegar hasta la empinada cima e incluso rodando, hasta el extremo de la pista donde giramos en redondo.

            Se silencian los ruidos propios del avion.
             Hay silencio, viento,sol y un verde profundo. Se extiende al frente el cerro gris iluminado y fresco en todo su esplendor. El cielo despejado es tremendamente azul y amplio.
              Este es San Jose de Chaquivil.
CHAQUIVIL

                      A traves del parabrisas del avion no se ve nada. El vapor de agua se ha congelado y forma una capa delgada de hielo que lo cubre todo. El piloto se guia por la altitud y por la brujula.
                       Hace un frio intenso. El termometro indica 8 grados bajo cero,pero con la velocidad del viento el calculo es casi de doce grados bajo cero. Y se sienten.
                        Estoy bien abrigada. Botines. Calzas de lana, pantalones gruesos, buzos varios, campera, pasamontañas, guantes.
                         En la montaña, ha dejado de nevar y el dia es de sol. El espectaculo es sorprendente. El silencio  y el motor del avion lo invaden todo. El suelo de la montaña esta blanco. Los arboles semejan arbolitos blancos de navidad con sus ramas negras. No hay animales a la vista.
                          Ahora zumba el viento. El avion aletea. Al descender, el hielo se va derritiendo poco a poco y la capa blancuzca se transforma en gotas que se deslizan como lagrimas hacia los costados del combado parabrisas. Veo que tambien sobre las alas se habia formdo una capa de hielo.

                          Descendemos en Chaquivil, donde el pasto esta amarillo y humedo. El viento es tan helado que parece quemar el rostro. Hasta con guantes dan ganas de meter las manos en los bolsillos. Atraviesa el pasamontañas. No se ve a nadie alrededor. Espero quince minutos. A lo lejos una casa humea. Bueno, es hora de partir. Parece que no hay novedades para la medico. Hay que seguir, y controlar aun siete zonas mas. A veces, cuando hay una urgencia de salud, alguien pone sabanas blancas sobre el suelo, o agitan una ropa blanca o pañuelos al paso del avion. Es la señal de emergencia. Entonces se aterriza y se espera media hora, o aun mas, hasta que llegan el enfermero o un mensajero con la novedad. De ahi, puede que haya que esperar dos horas mas o bien subir a un caballo y subir la montaña, olvidandose del regreso ese dia.
                           Por eso hay que recorrer minuciosamente la zona. Observando atentamente casa por casa. Y muchas veces son cinco horas de vuelo. Los oidos crujen con los sucesivos ascensos y descensos. La espalda se fatiga con los golpes que da el avion al "galopar" sobre la pista, y la cabeza duele  de tanto escuchar el repiqueteo constante del motor.
                           Ya nos volvemos para continuar vuelo cuando un grito me detiene. Es una señora anciana. Me sobrecoge el ver como viene vestida : Solo un batoncito de verano, una campera liviana, desflecada, sobre los hombros. Los pies casi desnudos. Tiembla. Cruza los brazos y viene llorando. Vuela de fiebre y "chucho".
 - Dra, por favor, deme alguito para esto que tengo, que debe ser la neumonia.
 - A ver, venga, doñaMaria...-
                            Al resguardo del ala ausculto a la paciente, y efectivamente, tiene una bronquitis aguda a devenir pronto en neumonia.
 - Tome, aqui tiene. Esto se toma asi y asi. Le anoto en la cajita del medicamento, por si no se acuerda bien-
 - Ay, hijita, estoy solita porque mi hijo ha bajado a la zafra. Entonces llora , las lagrimas corren por sus mejillas. Se estremece con nuevos escalofrios.
 - ay, doctorcita... Como sufro pensando en mi hijito ¿Le podria llevar Ud un pancito para el?
 - Bueno, doña Maria, deme el pan, se lo hare llegar. Ya vere.
                              Saca el pan-torta amasado por ella que trae bajo el brazo y me agradece infinitamente lo que hago por su "hijito" . Que ya es un hombre hecho y derecho, que se esta ganando la vida como puede. En ella no piensa. Se vuelve a su casa, despues de abrazarme y agradecer nuevamente.
                             El viento, que se ha hecho fuerte y cada vez mas helado le impide caminar rapidamente, la empuja hacia atras, le hace volar los vestidos. Y su agitacion, que no la deja.
                              Se pierde lentamente camino abajo, hacia su casa . Una paciente mas.
                              El viento zangolotea el avion con fuerza.
                               Tengo frio. Pero tambien tengo un calor que me crece por dentro.



INVIERNO
                          Parece ya que ha transcurrido tanto tiempo...
                          En invierno, el pajonal amarillo que se abre pesadamente al paso. El siseo de alguna serpiente que se escapa, molesta, por el ruido de las botas. Habia estado en el camino, asoleandose.
                           La tierra reseca, quebrada, asomando entre las pajas. Y el sol arde a pesar de que el viento helado escama la piel. Todo es tan amarillo y marron, en el invierno.
                           De lo alisos, gruesos, arrugados y grises, cuelgan los hilos de los "cuarterones", gusanillos negros como hilachas, que crecen por miles en las hojas de los arboles y en el transcurso de los dias las agujerean impiadosamente, cumpliendo su ciclo vital. Entonces quedan los alisos desnudos, con sus hojas comidas, y como simple vestimenta invernal los largos y finos hilos que se prenden a las ropas, al sombrero, al pelo, caen sobre los brazos. Despues de andar un rato, una queda cubierta de gusanitos que caminan como saltando. Tan pequeños seres y que depredacion causan.
                            Desde la Escuela de Chaquivil a La Sala transcurre una hora. El ultimo recodo es una alta loma desde donde se observa, panoramica , La Sala , con sus techos de paja apretada y su corral de pirca y leña. El descenso es brusco, y la quebrada,honda y cenagosa. Hay que extremar los cuidados al apoyar los pies. Cuando paso debajo de los nogales añosos , de casi cien años, escucho gente acercandose. Parece que vienen aparceros de a caballo. Tintinean los estribos, se hablan a voces.
                              Llego a La Sala. Volteo la cabeza para ver si los aparceros ya estan llegando. En La Sala no hay nadie. Los perros no ladran. En la casita de Secundino, el casero y capataz, duermen la siesta. En el sendero bordeado de pajonal no aparece nadie. Solo se oye el sonido del viento, suave y pausado...
                               Luego, los lugareños me diran que lo que escuche fueron los fantasmas de la quebrada. Y me contaran que siempre se los siente llegar, hablar, reirse, pero nunca se los ve, ya sea de dia o de noche.
                               Y los volvere a escuchar, una y otra vez, en mis caminatas , mil y una veces...