LAS ARQUITAS - LAS YEGUAS
La Mora y la Zaina. Dos hermosos recuerdos. Dos grandes dolores. Mis dos primeros caballos fueron estas dos pícaras y bellas yeguas. ¡Gracias Pepa!
Eran propiedad de una amiga taficeña, Elena Vasatko, bioquímica, que también trabajaba en el SIPROSA. Es decir, eran de sus hijos, que las amaban.
Las guardaban en un campo de su propiedad, al norte de Tafí Viejo, y corrían dos peligros : que escaparan hacia las vías del tren o que las robaran. Las dificultades para cuidarlas, cada vez mayores, habían decidido la venta de las dos yeguas. Los chicos derramaban lágrimas de dolor, pero ya estaba decidido.
Fuímos una tarde con Nikcy a la finca. Una tierra hermosa, de limoneros en flor. Hasta nosotros las trajo un peón. Eran bellas, realmente. Y para mí, que era la primera vez que iba a ser dueña de mis propios caballos, eran fantásticas. En mi imaginación las veía alzarse y galopar en la montaña, las crines al viento...
Era una yegua de paso. El hijo más grande, le saltó encima y nos hizo una demostración de su andar. Luego la monté yo. Me ajustaba perfectamente a su lomo. Digamos que éramos la una para la otra. Nerviosa, pero buen animal. Anduve en pelo hasta el final del campo y regresé. Me brillaban los ojos de deseo, era como andar en el viento.
Al rato trajeron a la blanca. La "Mora" era una yegua dulce y mansa. Lo que la otra tenía de briosa, ésta lo tenía de calma.
Fuerte y grande, alta, era un poco ancha para mis piernas, pero su andar era tan suave , que se podía galopar y no perder el equilibrio.
Con las lágrimas corriendo por sus mejillas el pequeño rubio , de tan sólo ocho años, se abrazó a la Mora y le dio una larga despedida...Después me tocaría a mí experimentar esa terrible pérdida, pero ya no tendría la esperanza de volver a verlas otra vez...
Me olvidé de nombrar al potrillo. "Pirpinto", Hijo de la Zaina, el hermoso potrillo que ya iba para potro y que estaba empezando a cambiar el pelo.
Una de esas mañanas bajaron Alberto Gutierrez y uno de los hijos de Gerardo Salazar, y en un camión alquilado llevaron a los tres caballos hasta Raco. Luego, al paso, los hicieron subir hasta Las Arquitas.
Llegó el bautismo de Maximilian, mi sobrino político. Nicky sería el padrino. Tuvo que viajar hacia Alemania. Yo no podía, ni quería , abandonar mi trabajo, recién estaba comenzando,recién me estaba afianzando, no era posible.
Se fue Nicky. Lo despedimos con Pablo, y los dos tomados de la mano, lo vimos alejarse hasta que su ómnibus se perdió en la distancia. Y , al día siguiente, regresamos a Las Arquitas.
Llevábamos una enorme cantidad de carga. Eran víveres para casi dos meses Habíamos comprado de todo.Cargamos el avión, y luego las mulas , y nos instalamos en la casa, ya familiar.
Y allí me ocurrió la sorpresa más desagradable de toda mi aventura en la montaña. No tenía yo en ese momento ni la más pálida idea de las elucubraciones mentales de la familia Gutiérrez, que a la larga se quedarían con la casa que construyó con tanto esfuerzo mi marido, y que ahora mencionan como de su propiedad. Hasta incluso ahora reciben gente y tienen el descaro de publicar en revistas las fotografías de los desayunos con la vajilla que fue mi regalo de bodas...Pero en fin...cada uno con sus traiciones y hubo quien les dió de comer, porque como dicen, no hay que buscar al chancho, sino a quien le dá de comer...
- Mire dotora, yo voy a usar para la casa lo que uste a comprao, porque el seño Nike a dejao dicho que todo se va compartí.-¡Carámbola, con mi hijo a la par , no me quedaba otra que aceptar!. Cómo está presa una madre, a veces...
Volvamos a los caballos, que son los recuerdos que más duelen. No había forma de hacerse con ellos.
- El señó Nike a mandao que vayan pal alto-
- Es muy lejos para ir a traerlos, vaya a sabé uno donde se han ido...-
Muy poco tiempo estuvo la zaina con nosotros. La utilicé varias veces para llevar a mi hijo a la escuela, los dos nos enamoramos de ella. Era tan vivaz. A veces nos hacía algunas travesuras, como no querer andar cuando subíamos los dos juntos. Entonces yo la tomaba de la rienda y así hacíamos el camino hasta la escuela. Un día desapareció de mi vista, nadie supo más donde estaba y no la ví más, a pesar de todos los esfuerzos que hice para saber de ella.
- El señó Nike mandó decir...-
Entre mis tareas como médica, que me dejaban escaso tiempo para vivir siquiera, la escuela de Pablo y los viajes en avión, era muy poco lo que podía hacer, no había radio ni teléfono allá arriba...
En cuanto a la Mora, era utilizada por la esposa de Gutiérrez, Teresa, para ir a la escuela.No era que no tuvieran caballos, porque tenían los propios y muy buenos. El asunto era usar lo de otro, y así no arruinar los suyos. Todas las mañanas, a las seis, cuando nos estábamos levantando para ir a clases, escuchábamos el galope de la yegua, en la que se iba apresurada, antes de que nadie la pudiera detener. Así partía ella , todas las mañanas, llueve o truene, en la yegua del hermoso andar. Cuando regresaba, galopando hasta la puerta de la entrada baja, allí la recogía Alberto,y hasta el día siguiente, era trasladada al "alto".
Todas eran órdenes impartidas previamente por el patrón ausente.
Pero todo lo malo pasa, el sol sale de nuevo, y un avión nos trajo a Nicky de regreso. Volvimos al campo.Había muchos asuntos que solucionar. Los muy ladinillos , para salvar el pescuezo, fraguaban dichos y hechos.
- Patrón, venga a ver que los de Cata han roto el alambrao-
- Don Nike, ahi andan el esposo de la maestra mirándola a mi hermana, hable usté- y mil y una distracciones más. Yo estaba en lo mío, no tenía tiempo para distracciones.
Mal hecho. Hay cosas que nunca se deben perder de vista, y lo que se ama, menos.
Un día, descendiendo a caballo hacia Raco, nos cruzamos en el monte con una yegua sumida en flacura.Casi no se movía. Parecía desplomarse en cualquier momento. Con sorpresa descubrí que era la Rana, mi Zaina.
Sentí un dolor en el pecho como no lo sentí nunca antes.Quise señalársela a mi marido,pero él la había reconocido ya. Palidecía. Me hizo señas de que no dijera nada.
Ya presentía yo que mis yeguas , a quienes nunca había disfrutado como habíamos soñado, se me iban, se me iban, se me iban...No dirían ya al verla atada a un árbol : - "Ya llegó la dotora"...
Nunca, nunca, nunca, me dolió tanto el corazón.
En la city la vida se transformó en una vorágine. Había que solucionar asuntos urgentes de la montaña. Hacer compras, presentar papeles, cobrar dineros. Las compras era lo más dificultoso. Andar comercio por comercio, elegir precios,buscar lo mejor, lo más adecuado.
La furia de mi esposo fue in crescendo. Se levantó y dió unos terribles golpes de puño en el sillón en el que estaba sentado, furia, impotencia, incredulidad...Alberto, encogido,sólo daba excusas. Me sentí mareada. No aguanté el dolor. Me saltaban las lágrimas. No podía moverme.
Cuando Alberto por fin se fue, lloré por esas yeguas como por un amigo. Por la impotencia, porque lo había visto venir, ya hace mucho tiempo. Eran tan hermosas. Hubiera costado tan poco que las cuidaran, todo se les pagaba y muy bien. Nunca entendí muy bien porqué las dejaron morir. Alguien me habló alguna vez de maleficios. No lo sé, pero no hubieran tenido que pagarlo ellas.
Lloré, lloré y lloré toda la mañana, sin consuelo. Ya nada me las devolvería. Y lloro cada vez que las recuerdo. Alberto y familia, me deben ese dolor...
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